El colmenar es un elemento muy característico del paisaje antigüedeño y suponía, en otros tiempos, una importante aportación alimenticia a la maltrecha economía familiar.

Ya dice el refrán que “la miel y el gato, a ser posible del Cerrato”. Y algo especial tiene esta miel que sale de los colmenares de Antigüedad. Quizá sea su origen. El espliego, el romero, la salvia, el tomillo, entre otras, son plantas aromáticas que abundan en las cuestas y páramos cerrateños. Y la misma calidad de antes la tenemos ahora porque la miel de Antigüedad sigue siendo de secano, lo que permite la concentración de los aromas en las flores, y no su dispersión por el riego.

Colmenar

El colmenar es una construcción muy sencilla. Una caseta rectangular, a un agua, que se levanta generalmente a media ladera, mirando al mediodía, protegida de los vientos, sirve para guardar los cestos que contiene los panales. Se rodea de una cerca también de piedra, que es donde se planta el romero, el espliego y demás especies aromáticas.

Dentro de la caseta se colocan los cestos de mimbres abiertos al exterior por una piquera, por donde entran y salen las abejas. Un padrejo, sellado con yeso, tapa el cesto por el interior del colmenar.

Cuando llega el tiempo de la cata, se quema algo que origine mucho humo y con el catador de hierro, en su punta de lanza, se va recortando el panal. Y con la otra punta, a modo de horquilla, se trae el panal a la paleta de madera. En el escriño, que sirve para coger enjambres del campo, se lleva la cera a casa depués de la cata.

¿No va a caer en la tentación de probar esta miel? Le adelantamos que es un manjar de dioses.